La catedral de Burgos también conocida como La Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María, es un templo catedralicio de culto católico dedicado a la Virgen María.
La historia de esta gran catedral empezó cuando la ciudad de Burgos fue convertida en sede episcopal en 1075 por el rey Alfonso VI y el papa Gregorio VII. El monarca promovió la construcción de una catedral dedicada a la Virgen María, de la que aunque no se conocen sus planos se supone que era románica, como todos los edificios contemporáneos. Existen documentos de que el rey donó para la colosal obra el terreno que ocupaban un palacio real que había pertenecido a su padre, Fernando I, y una pequeña iglesia.
En 1096 las obras ya estaban terminadas, pero pronto resultó ser pequeño para las necesidades de una ciudad que era capital simbólica del reino. En el siglo XIII se decidió levantar una nueva catedral. Como era normal en la época se destruyó el anterior edificio románico y sobre su solar, ampliado con el derribo de unas viviendas cercanas donadas por el obispo, se construyó la nueva catedral gótica.
La primera piedra de la nueva catedral se colocó en 1221 en presencia del rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio. Se supone que el primer maestro de obras fue un anónimo arquitecto galo. Hacia 1240 asumió la dirección de las obras el llamado Maestro Enrique, también de origen francés, que después se haría cargo de la catedral de León, y que sin duda se inspiró en la Catedral de Reims. Las obras avanzaron con gran rapidez y para 1238, ya estaban casi terminadas la cabecera y buena parte del crucero y las naves. La consagración del templo tuvo lugar en 1260, aunque desde 1230 consta la celebración de oficio divino.

En la actualidad, tiene tres cuerpos rematados por dos torres laterales de planta cuadrada. Las agujas caladas de influencia germánica se añadieron en el siglo XV y son obra de Juan de Colonia. La fachada interior del templo toma como referencia a la Catedral de Bourges. Las últimas obras fueron la sacristía y capilla de santa Tecla que pertenecen ya al siglo XVIII, cuando también se modificaron las portadas góticas de la fachada principal. Los elementos decorativos y el mobiliario del interior pertenecen a varios estilos artísticos, desde el propio Gótico, el Renacimiento o el Barroco.
La catedral burgalesa fue declarada Monumento Nacional en 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco a finales de 1984. Es la única catedral española que tiene esta distinción de la Unesco de forma independiente, sin estar unida al centro histórico de la ciudad. Es además el templo católico de mayor rango en Castilla y León, al ser el único que siendo catedral metropolitana es a la vez basílica.
En 1994, a raíz del desprendimiento de una figura de la fachada unos años antes, se comenzaron unos profundos trabajos de restauración. En total, se llevan invertidos 30 millones de euros, lo que convierte a la catedral en el monumento europeo que más fondos ha recibido para su restauración, y que más se ha alargado en el tiempo.

Uno de los grandes atractivos para visitar la Catedral de Burgos, además del propio edificio, es el suelo del crucero. Justo debajo del cimborrio, se encuentra desde 1921 el sepulcro del Cid y Doña Jimena. Sus restos, procedentes del monasterio de San Pedro de Cardeña, fueron enterrados bajo una losa de mármol con la conveniente inscripción, durante una solemne ceremonia.

