El acueducto de Segovia es un acueducto romano construido para que el agua llegara hasta la ciudad. Conduce las aguas desde el manantial de la Fuenfría, situado en la sierra a 17 kilómetros de la ciudad, en un paraje denominado La Acebeda. Y hace un recorrido de más de 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad. Una vez aquí el agua se recoge en una cisterna conocida con el nombre de El Caserón, para ser conducida luego por un canal de piedras hasta una segunda torre, llamada Casa de Agua, donde se desarena, antes de continuar su camino. Después recorre 813 m hasta lo alto del Postigo, la punta rocosa sobre la que se asentaba la ciudad en torno al Alcázar. Pero antes, en la plaza de Día Sanz, hace un giro brusco y se dirige hacia la plaza del Azoguejo, donde salva la depresión con una arquería, que presenta todo el esplendor del monumento. En la parte más elevada mide 28 metros.
Data de principios del siglo II d. C., a finales del reinado del emperador Trajano o principios del de Adriano. Su nombre procede de la unión de dos palabras latinas: aqua (agua) ducere (conducir). Previamente a la construcción del acueducto, los ingenieros romanos debían llevar a cabo un minucioso estudio del terreno, de sus desniveles y de las posibilidades del posterior recorrido del agua. El Acueducto de Segovia se ha convertido en uno de los símbolos de la época de esplendor que vivió el Imperio romano, un ejemplo de las grandes dotes de ingeniería de esta civilización.
Está construido con piedras de granito asentadas sin cemento entre ellas. Sobre los tres arcos de mayor altura había en la época romana un letrero con letras de bronce donde aparecía la fecha y el constructor. También en lo alto pueden verse dos nichos, uno a cada lado del acueducto. Se sabe que en uno de ellos estuvo la imagen de Hércules Egipcio, que según la leyenda fue el fundador de la ciudad. Aunque en la época de los Reyes Católicos esto cambió, y se colocaron en esos dos nichos la imagen de la Virgen del Carmen y san Sebastián. Hoy en día tan sólo se puede apreciar la primera talla.
También durante el reinado de los Reyes Católicos se realizó la primera gran obra de reconstrucción del acueducto. Se encargó de las obras al prior del monasterio cercano de los Jerónimos del Parral. Se reedificaron 36 arcos, respetando mucho la obra original. Un tiempo después, en el siglo XVI se pusieron en los nichos centrales las estatuas antes mencionadas.
La arquería del acueducto es la señal arquitectónica más importante de la ciudad. Se ha mantenido en funcionamiento durante siglos y quizás por ello ha llegado hasta nuestros días en perfecto estado. Hasta hace relativamente poco seguía proveyendo de agua a la ciudad de Segovia, y más concretamente al Alcázar. En los últimos tiempos ha sufrido un apreciable deterioro causado principalmente por la contaminación medioambiental y los propios procesos de erosión del granito. Ha sufrido un minucioso proceso de restauración que ha durado casi ocho años, bajo la dirección del arquitecto Francisco Jurado.
xiste una leyenda sobre el acueducto de Segovia en la que se relata que una niña subía todos los días hasta lo más alto de la montaña y bajaba con el cántaro lleno de agua. Un día, harta de subir y bajar todos los días, pidió al demonio que construyera algo para que no tuviera que hacerlo. El demonio se le apareció y le concedió el deseo a cambio de su alma si conseguía construir el acueducto antes de que el gallo cantara. La niña aceptó y aunque se arrepintió de haberlo deseado, justo cuando quedaba una piedra para terminar cantó el gallo. Lo que consiguió que el demonio fracasara y la niña no perdiera su alma. En el hueco que quedó, de la última piedra que faltó, es donde está ahora puesta la estatua de la Virgen del Carmen.
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